Durante el 29 de junio vuelven a escucharse las "Lágrimas de San Pedro" desde la Giralda a cargo de la Banda del Sol de Sevilla, una tradición recuperada a mediados de los ochenta del siglo pasado y que hunde sus raíces en el siglo XV.
Los evangelios recogen el momento, el cual tuvo lugar en el atrio de la casa de Caifás, cuando el apóstol negó tres veces a Jesús. Se trata de un pasaje que no pasa desapercibido para los sevillanos, fecha señalada en el calendario de las tradiciones de la ciudad.
Cuando el infante Don Fernando regresaba hacia Sevilla tras la conquista de Antequera, a principios del siglo XV, se decidió llevar a cabo la celebración de esta hazaña. Fuegos y repiques de campanas por las collaciones de la ciudad. Diversión y música hasta altas horas de la madrugada. Tal fue su importancia que los canónigos de la catedral donaron incluso bienes con tal de que pudiera realizarse lo que ya se había convertido en una seña de identidad. Sin embargo, casi una centuria más tarde, en 1629, se toma la decisión de que solo se permitan las hogueras la noche previa a la festividad de San Pedro, por lo que las actividades se redujeron considerablemente.
El devenir de los tiempos reconfiguró esta costumbre, pasando los sollozos del que sería el primer Papa de la historia a convertirse en toques de cornetas desde la torre más alta de la ciudad. Aunque la tradición sufre un paréntesis en los años centrales del convulso siglo XIX ― de 1839 a 1865 ―, se reanuda durante los años previos al estallido del sexenio democrático. Ininterrumpidamente se interpretan hasta 1961, cuando cesa esta costumbre. Sin embargo, en 1986 es recuperada por Rogelio Gómez, empresario hostelero, Federico María Pérez Estudillo, canónigo por aquel entonces del templo metropolitano y Eusebio Álvarez, quien fuera director de la Banda del Sol. Seis clarines y quince segundos de una melodía que recorre las cuatro caras de la Giralda, comenzando por la que mira hacia los Reales Alcázares, continuando por la parte que da hacia el Aljarafe, prosiguiendo por aquella desde la que se divisa desde la plaza de San Francisco y finalizando por la cuarta cara, la que se observa desde la plaza Virgen de los Reyes.

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