La Semana Santa de Jerez ha puesto en la calle en torno a 10.044 nazarenos, una cifra a la que deben añadirse los nios que visten el hábito pero no procesionan en fila, acólitos, costaleros, capataces y auxiliares o músicos.
Nadie puede dudar de dos realidades que son incuestionables: Jerez tiene ahora más cofradías que nunca y el número de nazarenos es mayor no sólo por la aportación de las nuevas Hermandades, sino porque las que podrían considerarse como tradicionales salen a la calle acompañadas de un mayor número de hermanos.
También hay que contar con el bloqueo de Mons. Bellido Caro a la erección de nuevas Cofradías, lo que motivó que la Semana Santa se desarrollara básicamente en el centro de la ciudad. La llegada de los obispos Juan del Río -primero- y José Mazuelos -después- ha permitido la fundación de Corporaciones penitenciales en lugares tan extremos y distantes entre sí como La Granja, Puertas del Sur, Nazaret o Picadueñas, entre otras.
Esa expansión coincide con un momento especialmente crítico para el Ayuntamiento, que apenas cuenta con los recursos necesarios pasa garantizar -en el día a día- la prestación de los servicios básicos y que se encuentra con un problema de no poca envergadura cuando debe responder a un fenómeno en auge como el de la Semana Santa. Además, y por si fuera poco, las redes sociales lo escupen todo. La imagen del autobús urbano arremetiendo contra un tramo del cortejo de la Hermandad de la Clemencia en el que abundaban niños de corta edad no es más que la punta del iceberg de esa sensación de caos que parece haber presidido una Semana Santa que sólo parecía controlada en un lugar muy acotado del centro.
La Semana Santa de Jerez crece -como lo ha hecho la propia ciudad en estas últimas décadas- y empieza a precisar de algo más de voluntad política si es que de verdad se quieren atajar a tiempo problemas que en otras capitales empiezan a no tener vuelta atrás.



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